viernes 4 de enero de 2008

Acaso

¿Acaso sentía el miedo subiendo por mis pies? Enredaderas de pecados que no me pertenecían y pujaban por escalar mi adusta piel. Tal vez la rabia, irreductible, de una impotencia sin calma que debilita el ardor de adolescencias caducas. Quizá sensible, quizá roca de porosa dualidad. Todo un mar de inocencia que vuela sobre las cansadas cabezas de los que no han logrado aprender, de los que no aprenderán.

Acaso fuerza, remolino imparable, fluyendo de entre las rocas como cristalina esencia. Torrente vacuo que esculpe olvidos sobre las sombras que ayer dejaron de existir. Ventana vacía hacia mundos inexplorados que habitan tras las esquinas de las calles sin nombre. Túnel sin luz al final de un tramo de espigas doradas, torcidas de viento y satisfechas, en sí mismas.

¿Acaso olvido de árboles con raíces secas? Hoja de otoño que no sabe cómo caer. Un pedazo de cielo sin estrellas donde no reposa nunca la cara oculta de la luna.

Podría ser…