
Cristo era el hijo de dios, de Juan. Su madre contaba cómo el cura se había negado a ponerle el nombre que ella quería, Christian, porque no era cristiano. Lo bautizó como Cristo Jesús y Juan bromeaba diciendo que se trataba del nombre perfecto para su hijo: un anticristo.
Mientras sus padres se enredaban en discusiones tan simples como ésta, él siempre lo tuvo claro:
- Viviré de mis padres hasta que pueda vivir de mis hijos.
Cuando los obreros le echaban en cara que él podía hacer lo que quisiese porque era el hijo del jefe, él se defendía diciendo que era el más pringado del taller. A este respecto, todos tenían razón.
Se sentía explotado por su padre. Le cabreaba que no lo tuviera en un puesto mejor. Detrás de la endeble excusa de que tenía que estar en las mismas condiciones que Iván -el hijo de Furo, el socio de Juan- para evitar innecesarios conflictos de intereses, yacía la estrategia simple del viejo: conocer el negocio desde abajo, permite prevenir el engaño. (Porque, el que engaña siempre espera ser engañado). Pero él era incapaz de verlo.
Conocía el funcionamiento de todas las máquinas del taller. Por aquellos días, estaba en la zona de amarradores pero, como hijo de dios, su ocupación principal era pasar la mayor parte del tiempo haciendo que trabajaba u ocupado en la manufactura del porro, como solía describirlo. Decía que algún día acabaría en Marruecos, montaría una fábrica de porros prefabricados, daría trabajo a un montón de gente y llevaría felicidad a otro montón.
- La marihuana es el futuro y el mundo es el ombligo.
Estaba lleno de máximas que repetía sin cesar, siempre, en el momento adecuado.
- Búscate la vida, que la muerte viene sola.
Otra de sus aficiones era cambiar el nombre a todo el mundo. Tal era su carisma que, muchos, acababan adoptando el nuevo nombre.
Empezó a aparecer por la zona de las estribadoras desde el primer día. Se habían conocido una semana antes en casa de Gerardo, donde él se había fumado, en un par de horas, un trozo de hachís que a ella le podía haber durado un mes. Con la excusa de ese encuentro previo, el camino hasta la conversación estaba despejado.
Se convirtió en el verdadero formador, al respecto de las máquinas. Tenía un estilo muy particular, en cuatro pasos:
1.- Aprender el correcto, seguro manejo y mantenimiento de la máquina.
2.- Conseguir la mayor efectividad con el menor esfuerzo. Eso lo reforzaba con una de sus máximas:
- Este cuerpo lo quiero pa' follar no pa' destrozarlo trabajando.
3.- Trabajar obviando la seguridad, haciendo lo contrario a lo que se debe, ahora que ya se sabe cómo responde la máquina.
4.- Aprender a romper la máquina. Invaluable paso, eficaz para los días de agotamiento o, simplemente, para reírse de los eruditos que, como moscas, revolotean intentando encontrar el fallo, mientras éste descansa en el bolsillo del pantalón, en forma de pieza minúscula.
Pero el mayor valor estaría en la enseñanza que más tiempo le llevaría transmitirle: elimina el miedo, no desoigas a tu locura: es tu mejor aliada. De tu parte, es tu arma.
Poco a poco, fue deslizando su proyecto de independizarse y vivir por su cuenta. Cuando le dijo que sería una buena idea que compartieran el piso; ella hacía mucho que esperaba esa propuesta -más, hacía que pensaba en buscar compañero de piso, como solución a su precaria situación económica-. Sabía, además, que aquello sería algo más que compartir un piso, pero su cama era lo suficientemente grande y no le pareció mala idea el tener un poco de diversión. Aún así, dejó que él lo intentara durante un mes, hasta aceptar la propuesta.
El día que, en el que había sido el salón de su casa, vio a su jefe con los pies descalzos sobre la alfombra, tomando café y bromeando; entendió que todo aquello conduciría al país de ni de coña te metas en este follón. Pero el sexo con Cristo, la noche anterior, había sido espléndido y decidió vivir algún tiempo, como emigrante, en tan jodido país.
2 comentarios:
Estoy impresionado: apuestas, cortes, sangre, hierro y hachis. Una mezcla explosiva, un avance exquisito de este manual.
Besos
Me encantan este tipo de blasfemias.
Ojo, el infierno tiene un ojo sobre tu hombro, otro debajo de tu ombligo...y además, cree en las camas grandes...como yo.
M. simplemente, la mezcla del cojo y el nudo.
Gracias por esta delicia.
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