martes 31 de marzo de 2009

DE PRÍNCIPES AZULES Y MUJERES INCRÉDULAS

- No sé qué hay de malo en no contestarte.
- Acabo de pedirte que te cases conmigo… ¿Acaso no entiendes lo que eso significa?
- Claro que lo entiendo, no soy tan obtusa. Yo acabo de decirte que me gusta sentarme sobre ti sintiendo que parte del sol me penetra y mi viaje hacia el espacio se dispara a la velocidad de la luz.
- ¿Sólo eso te gusta?
- No, también me gusta el canto de los pájaros compitiendo con el viento en una tarde de otoño; pero no creo que te interese un drástico cambio de tema.
- ¿No me amas?
- ¿Sólo porque no he contestado a tu petición has decidido sacar a relucir tu cualidad de maníaco depresivo? Te he dicho mil veces que el amor está sobrevalorado y el matrimonio tan desprovisto de él como mi piel de espinas. ¿Por qué no volvemos a mirar hacia arriba y a seguir emitiendo elucubraciones sobre lo que estarán haciendo los seres vivos de planetas que jamás avistaremos? Me resulta una conversación, a la par, más interesante y real que este cuento de hadas que propones en la sobremesa del sexo.
- Eres la única mujer de mi vida que he amado…
- ¿Tienes idea de lo tremendamente deprimentes que suenan esas palabras sobadas?
- A este paso, te quedarás sola. Envejecerás sin la compañía y el calor de aquel que adora el suelo que pisas y desea hacerte por siempre feliz.
- Éstas son el tipo de conversaciones que hacen que quiera sacarte a patadas de mi cama. ¿Quieres que empiece a patalear o prefieres marcharte por tu propio pie?
- ¿Me estás echando de tu cama?
- No exactamente: Te estoy invitando a marcharte de mi vida, eso sí, por la puerta grande, que es la que han utilizado todos los príncipes azules que estuvieron aquí antes de que tú aparecieras.
- Eres la mujer de mi vida…
- Y esta insulsa conversación la razón de que quiera hacerte desaparecer de la mía. No olvides dejar el dinero sobre la mesilla.
- ¿El dinero? ¿De qué demonios me estás hablando?
- Me adelanto a los acontecimientos: Sé bien lo que vas a llamarme en cuanto cierres la puerta, así que te cobro por los servicios prestados. ¡Ah! y no te olvides la corona y el zapato de cristal. No sabría qué precio ponerle en eBay a la primera y si aceptan el segundo los tipos del reciclaje… son tan quisquillosos con lo del vidrio que cualquiera sabe.
- ¡Te odio! ¡No tienes corazón!
- Claro que tengo corazón, lo que pasa es que no puedo permitirme el lujo de entregarlo. Mi cuerpo le ha tomado tanto cariño que no sabría cómo hacer que la sangre me llegue al cerebro sin él. Y ahora, déjame sola: Me muero por saber cómo será el resto de mi vida sin ti.